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Cuentos para dormir

La Cenicienta

Versión del cuento «La cenicienta», por Emualdo Rojas.

Cuento la Cenicienta

Erase una vez, en un país muy lejano, una bella muchacha, que vivía en casa de su madrastra, con sus dos hermanas Matilda y Casilda.

Ella era una niña feliz y sonriente, pero en su casa, nadie la trataba bien. Todas la trataban como una criada, y le mandaban hacer, todos los trabajos de la casa.

Cuando limpiaba las chimeneas, se llenaba de polvo y ceniza, por eso, sus hermanas, la llamaban cenicienta.

Por esos tiempos, el príncipe del reino todavía estaba soltero, y para encontrar a su esposa, decidió celebrar un gran baile, donde todas las doncellas del reino estarían invitadas, y entre todas ellas, escogería a la futura reina.

Tras conocer la noticia, la madrastra llamó a sus hijas.

– Os he preparado unos bellos vestidos, y las joyas más vistosas del reino. ¡ Alguna de vosotras, tendréis que casaros con el príncipe, para sacarme de esta casa tan horrible!.

Mientras tanto, Cenicienta, desde la otra habitación, escucho la conversación, y se acerco para preguntarles ..

-¿Y yo ? ¿ Podré ir también al baile ?

-Ja ja ja ja ja ja ..

Respondieron todas a la vez, tu no puedes ir, tienes que limpiar la casa, por si acaso viene el príncipe a visitarnos.

Y así, pasaron los días, y el día del baile llegó. La Madrastra, Casilda y Matilda, se pusieron sus mejores trajes y joyas, pero por muy bonitas que eran las sedas, no podían ocultar, la fealdad de sus almas.

Cenicienta, se quedó en su trastero, llorando. Pero de repente, una luz sacudió la pequeña habitación, y un ada madrina, apareción de repente.

– Cenicienta, por ser una niña tan buena y amable con todos, te concedo el deseo de ir al baile del príncipe.

Cenicienta, saltó de emoción, y comenzó a llorar, pero de alegría. Y no solo eso, el ada, convirtió a sus amigos, los ratones, en blancos corceles, y a la vieja cafetera, en un hermoso carruaje y sus ropas harapientas, se transformaron en un bellísimo vestido.

-Pero me faltan los zapatos …

Susurro la bella niña, y acto seguido, el ada se quitó sus zapatos de cristal, y se los regalo a cenicienta.

Pero una cosa deber saber, le dijo el Ada.

Toda la magia que he realizado, desaparecerá a las doce de la noche.

Cenicienta, partió raudo y veloz hacia la fiesta, y según llegó, ya fué el centro de atención de todas las miradas. El principe, quedó profundamente enamorado de ella, y bailaron toda la noche. Tan contenta estaba cenicienta, que no se percato de la hora que era …

-Ton….Ton ….Ton …Ton ….

¡Y así hasta doce veces ! Cenicienta se acordó de las palabras del Ada, y comenzó a correr hacia su carruaje. ¡Ya eran las doce de la noche ¡

Mientras el príncipe la seguía corriendo, Cenicienta escapó a toda prisa, perdiendo un zapatito de cristal por el camino.

Ya estaba fuera de palacio, cuando sus ropas, volvieron a ser trapos viejos, y los corceles, los ratones del trastero. Cojió la vieja cafetera, volvió caminando hasta su casa, en medio de la noche.

Al día siguiente, el principe, solo tenia de su amada, su delicado zapatito de cristal, así, que se le ocurrió una idea para reuperar a su amor.

-Se convoca a todas las muchachas del reino, y quién pueda meter su pie, en el zapato de cristal, me casaré con ella.

De nuevo, la Madrastra y sus hermanas, fueron al palacio del príncipe para intentar casarse con él, pero todos los intentos por meter sus pies, en el zapatito, fueron inútiles.

-¡Pero que pies tan gordos teneis ! No valéis para nada ..

Gritaba la Madrastra a sus hijas.

Mientras tanto, Cenicienta se escapó de su casa, y se puso a la cola para probarse el zapatito de cristal.

Cuando le llegó el turno, su piececito se deslizó suavemente por el zapato, y el principe salto de su trono para abrazar a cenicienta.

-Nunca más nos separaremos ..

Dijeron juntos, y así, al poco tiempo se casaron, y fueron muy felices para siempre.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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