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Cuentos para dormir

Los tres cerditos y el lobo feroz

Versión del cuento «Los tres cerditos», por Emualdo Rojas.

Erase una vez, en un país muy lejano, tres cerditos que vivían muy felices.

El mayor de todos, era un poco perezoso, y pasaba todo el día jugando con los videojuegos.

Al mediano, le gustaba leer, sobre todo, cuentos de aventuras, pero lo que más le gustaba, era ver la televisión. Podía pasar tardes y tardes, sin hacer otra cosa que ver sus programas favoritos.

Pero había otro hermano, el tercero y el más pequeño, que tenía dos pasiones en su vida, estudiar y hacer deporte. Pasaba tardes enteras leyendo libros, de carpintería, de medicina, de química … un día, hasta leyó un libro de ¡ como hacer un cohete espacial ¡. Luego, muchas tardes, solía salir con sus amigos del equipo de baloncesto, ha entrenarse, hasta que el sol, desaparecía por el horizonte.

Como ya eran mayorcitos, su madré, les animó a construirse su propia casa.

– Niños, en casa ya no cabemos, así que buscar un buen lugar para construir vuestra propia casa, y empezar a trabajar cuanto antes.

Y su madre añadío.

-Hacer un buen trabajo hijos, que el lobo feroz, anda al acecho, y necesitareis un buen refugio.

Los tres hermanos, comenzaron a trabajar.

El hermano mayor pensó, haré una casa con estas pajitas, y me iré a jugar lo antes posible con los video juegos.

El segundo cerdito, empezó a clavar palitos, y en cuanto acabó el tejado, metió dentro una televisión, y se puso a ver los dibujos animados.

El cerdito pequeño, empezó a leer un libro de como hacer casas fuertes. Compro piedras y hierro, y comenzó la construcción con sus herramientas. Trabajaba día y noche, y mientras tanto, sus hermanos perdían el tiempo con sus pasatiempos.

Al pasar siete días, el cerdito pequeño ya tenía su casa construida. Era una enorme casa de piedra, y hasta tenía una bonita chimenea.

Pasaron los días, y en una lluviosa y oscura noche, entre los árboles del bosque, se vieron brillar dos ojos rojos.

-Aúuu …

Se pudo escuchar en todo el pueblo, y todos los habitantes, se escondieron en sus casas, y gritaron …

-¡Ha venido el lobo¡

El lobo había venido al pueblo, y tenía mucha hambre ….

-Me apetece mucho un cerdito para comérmelo.

Dijo el lobo, relamiéndose los labios. Y entonces, se dirigió hacia una casita de paja, de apariencia muy debilucha ..y gritó …

-¡Cerdito, o sales fuera o soplaré y soplaré, y tu casita derribaré ¡ Fuuuuuuuuu Fuuuuuuuuu

Y las pajitas, salieron volando por todos lados. El cerdito mayor, salió asustado, y salio corriendo hacia la casa de su hermano mediano, perseguido por el lobo.

-Toc, toc , o salís, ¡ o derribaré vuestra casita ¡

Exclamó el lobo. Al no obtener respuesta, dijo muy enojado …

-¡ Pues soplaré y soplaré y vuestra casita derribaré ¡ Fuuuuuuuuu

Y la casita, y todos sus palitos, salieron volando como globos al viento.

-¡Corre hermanito ¡ ¡Vayamos a la casa de nuestro hermano pequeño!.

Con el lobo pisándoles los pies, los dos cerditos, entraron en la casa de su hermano menor, que los estaba esperando con la puerta abierta. Tras pasar la asustada pareja, les dijo:

-Estar tranquilos, aquí el lobo nunca podrá entrar.

Y acto seguido, cerro la puerta con un gran cerrojo de acero. Y al poco tiempo, escucharon en la puerta ..

-Toc, toc , o salís, ¡ o derribaré vuestra casita ¡

Exclamó el lobo. Y de nuevo, al no obtener respuesta, dijo muy enojado …

-¡ Pues soplaré y soplaré y vuestra casita derribaré ¡ Fuuuuuuuuu

Pero esta vez, a la casa no se movió una sola piedra. El lobo, enojado, empezó a dar patadas y puñetazos a la puerta, pero no obtuvo resultado alguno.

-¡Nunca podrás entras !

Le advirtieron los cerditos al lobo, que ya se marchaba, muy triste y cabizbajo. Pero era solo una trampa, ya que el lobo, comenzó a trepar por la pared, con la intención de entrar por la chimenea.

Los cerditos, al percatarse del peligro, encendieron el fuego de la chimenea, y pusieron en ella, un gran caldero de agua hirviendo. Y cuando el lobo, deslizó sus patas por la chimenea ..

-¡Auuuuuuuuuuu Auuuuuuuuu !

El lobo salió disparado por el tejado, sacando humo por la cola y con el trasero al rojo vivo, y salió corriendo hacia las montañas, para no volver nunca jamás.

Al llegar la mamá cerdita, y enterarse de lo ocurrido, regañó a los hermanos mayores, por el poco esfuerzo que emplearon en construir sus casas.

Con esta lección aprendida, los tres hermanos, se volvieron más trabajadores y aplicados, y prometieron, esforzarse al máximo, en todos sus proyectos futuros.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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